Dentro de ti sigue viviendo la niña que fuiste, con sus miedos, su ternura y sus ganas de ser vista. Muchas de las heridas que cargas hoy nacieron cuando ella se sintió sola. Escribirle una carta es una forma sencilla y poderosa de empezar a acompañarla.
Por qué escribirle sana
Cuando pones en palabras lo que esa niña necesitó y no recibió, algo se ordena por dentro. Dejas de exigirle que fuera fuerte y empiezas a darle, desde tu adulta de hoy, el consuelo que entonces no llegó. No es magia; es reparación. Le estás diciendo a tu sistema nervioso: ya estás a salvo, ya no estás sola.
Cómo escribir tu carta
- Búscala. Consigue una foto tuya de niña o simplemente cierra los ojos e imagínala. ¿Qué edad tiene? ¿Cómo está su carita?
- Háblale con ternura. Escríbele como le hablarías a alguien muy querido: «Hola, pequeña…». Nada de correcciones ni exigencias.
- Dile lo que necesitó escuchar. Que no fue su culpa. Que era suficiente tal como era. Que hoy tú estás aquí y no la vas a soltar.
Un ejemplo para empezar
Hola, pequeña. Sé que a veces te sentiste sola y que aprendiste a ser fuerte demasiado pronto. Quiero que sepas que ya no estás sola: hoy estoy yo, y no te voy a soltar. Gracias por cuidarme todos estos años. Ahora me toca a mí cuidarte a ti.
No necesitas que quede perfecta. Solo honesta. Ese abrazo hecho de palabras es, muchas veces, el primer día en que una empieza a volver a elegirse.
Con cariño, Mayra.
